martes, diciembre 22, 2009

EDITORIAL: INGENUIDAD POLÍTICA O MALA FE.

Por: Fernando Cornejo León (Especial para Ecuadorconstruye)

La decisión del ente regulador de las Telecomunicaciones ecuatoriano de suspender por 72 horas a la empresa de medios de comunicación Teleamazonas por dar una noticia falsa es completamente acertada desde el punto de vista legal. Esta empresa ya había sido amonestada por transmitir imágenes taurinas en horarios no permitidos y estaba clara la existencia de un expediente por una irregularidad grave como es emitir una noticia falsa, cuyo resultado sería el que tenemos ahora.

Hasta ahí todo perfecto, pero me gustaría preguntarme por qué en estos precisos momentos? Hace una semana saludábamos que se había llegado a un consenso con la oposición política para la aprobación de la tan necesaria Ley de Medios de Comunicación. Esta decisión genera una ruptura del diálogo y lleva a fojas cero todo un proceso de adelanto político al respecto, es una decisión a nuestro parecer completamente extemporánea.

Le han dado el pretexto ideal a la oposición para negarse a tratar la ley y empezar a generar pánico en el país, ya escuchamos a la asambleista socialcristiana Viteri balbucear algo tan incoherente como: "Sin una ley que lo ampare se dispone una clausura, peor cuando tenga una ley (sic)". Sin entrar a analizar las dudosas capacidades de Viteri como analista, pues se supone que la existencia de una ley frenaría cualquier exceso de lado y lado, si me queda claro que se encontró el mejor pretexto de todos para frenar un proceso muy positivo de diálogo que hacía muy bien al país y dejaba muy bien parado al gobierno.

No es descabellado pensar que está decisión de la Superintendencia de Telecomunicaciones, tomada un 22 de diciembre en la tarde con todo lo que eso conlleva, o es fruto de tremenda ingenuidad politica o es resultado de una terrible mala fe por parte de sectores que desde adentro quieren sabotear el gobierno.

Me quedaré pensando toda la noche en esto.

lunes, diciembre 14, 2009

Ecuador: La derecha se rearticula bajo el disfraz de "ciudadano"

Muy buen análisis de Kintto Lucas tomado de Ecuadorinmediato.com

En junio de 2006, en el libro Rafael Correa: Un extraño en Carondelet señalaba que Carlos Vera, por ese entonces simpatizante del gobierno, en el futuro se transformaría en líder de la oposición. Muchos no creyeron pero sus características personales, sus convicciones políticas, su historia pública y sus posibilidades de proyección electoral lo colocaban como la persona ideal para recibir apoyo de los grupos de poder económico-financiero, mediático y las distintas fuerzas de derecha en un momento determinado.
Era solo esperar para ver. Pero primero era necesario descartar totalmente a la derecha tradicional y a la derecha advenediza estilo Sociedad Patriótica. Era necesario que esa derecha diera la primera pelea contra el gobierno para que, luego de ser derrotada reiteradamente, se abriera un espacio con una imagen de “renovación” de “ciudadanía”, de “pluralidad política y cultural”.
El anuncio se cumplió. Carlos Vera está trabajando en el reaglutinamiento de la derecha, sin apuro, pensando a mediano plazo y un poco más. En principio, utilizando la Ley de Comunicación como caballo de batalla, busca conformar una especie de híbrido en el que se juntan distintos sectores de la derecha supuestamente no contaminada y alejada de la partidocracia.


Este “movimiento” intenta posicionar la idea de que, como dice el propio Vera, no representa ni a la derecha ni a la izquierda, sino a una voz ciudadana que clama por libertad. En ese sentido, muestra la imagen de que todos “tienen la palabra” y “son escuchados”. Para eso cuenta con una exposición mediática de convocantes que expresan la supuesta variedad y desvinculación de la partidocracia. Por eso en las concentraciones políticas, que utilizan como excusa la Ley de Comunicación, hablan personas de distintos sectores.
Unido a eso se muestra un desinterés por futuros cargos públicos o electorales. El derechista coronel Patricio Haro, del grupo Justicia y Libertad, definió claramente la intención de las movilizaciones contra la Ley de Comunicación al señalar que pretenden una “concertación nacional sin ideologías”, “un gran frente que vaya del centro a la izquierda y del centro a la derecha”. Enfatizando además que ni él ni nadie está pensando en una futura participación electoral, algo difícil de creer.
La idea es, paso a paso, ir creando una base social y política con posibilidad de enfrentarse al Presidente Rafael Correa en el mediano plazo, sin apuro, aprendiendo la lección de Venezuela y dejando el cortoplacismo a un lado.

Los sectores de la derecha tradicional, por ahora no se involucrarán directamente en la propuesta para no desvirtuar la imagen de independencia y el discurso “anti” partidocracia. El apoyo llegará en el momento indicado. Cuando las fuerzas estén maduras y la correlación sea más favorable al nuevo reagrupamiento derechista se sumarán a la propuesta con sus aparatos.

El frente de derecha que intenta aglutinar Carlos Vera busca crear una base de apoyo hacia el futuro. La intención es ir consolidándose con pequeñas movilizaciones amplificadas por los medios para posicionar el nombre del periodista vinculado a la imagen de pluralidad y democracia y, sobre todo, que existe un malestar nacional con el Presidente.

Una encuesta realizada el 28 y 29 de noviembre en Quito y Guayaquil señala que el 53.7 % de los quiteños conocía que Vera organizó una marcha contra el gobierno. De esos que conocían, el 59.2 % piensan que fue medianamente exitosa, el 14.9 % que fue exitosa, y el 24.9 % que fracasó. En Guayaquil, el 64.9 % supo de la convocatoria. De los que conocían, el 61.7 % cree que fue medianamente exitosa, el 21.8 % que fue exitosa, el 12,6 % que fue un fracaso y el 3.9 % no responde.

La meta es, llegar en poco tiempo a que más del 90 % de la población esté enterada de que existen las protestas y que la mayoría crea que son exitosas. La reivindicación por parte de Vera de que la postergación del debate sobre la Ley de Comunicación se debe a las movilizaciones cumple con la intención de generar una imagen de éxito e intenta repercutir en otros sectores que se movilizan por otras causas.

En el momento que el 90 % de la población del país conozca que las marchas existieron estará posicionada en parte la idea de malestar contra el gobierno. Y cuando la mayoría de ese porcentaje crea que fueron exitosas es el momento de ir a juntar firmas para pedir revocación del mandato presidencial porque se lograron crear las bases subjetivas necesarias para posicionar un supuesto malestar colectivo con el gobierno. En ese instante, Vera y su “movimiento” capitalizarán las movilizaciones propias y ajenas.

Si a ese “movimiento” se suman más figuras indígenas, que aunque no sean dirigentes tengan notoriedad mediática, personajes de otros sectores sociales y una figura nacional como Jefferson Pérez, el objetivo de un reagrupamiento con bases políticas firmes se habría cumplido.

Carlos Vera ya mencionó que en el futuro Jefferson Pérez podría liderar este reaglutinamiento. Sin embargo, por su edad, parece más viable que Pérez vaya a una vicepresidencia o liderar una propuesta electoral para el legislativo, donde pueda recoger experiencia para unos años más tarde.

Pérez es conocido y tiene una excelente imagen a nivel nacional. Simbólicamente representa la posibilidad del Sí se puede. Para la población es un ecuatoriano que surgió de abajo y llegó al éxito mundial a nivel deportivo pero no descuidó su educación y su formación, preocupado siempre por su familia y con un discurso serio y muy creíble. Ahora se muestra emprendedor, con trabajo social vinculado a la niñez a través de su fundación, y se sigue formado para hacer carrera política. Ya salió el primer libro para niños sobre su vida y anunció que está escribiendo pensando publicar en el futuro. Tiene la posibilidad de que todo lo que hace repercute mediáticamente, y no tiene imagen negativa. Sin embargo, si se suma en este momento al movimiento liderado por Vera colocaría un freno al crecimiento de su imagen pública porque dejaría de ser visto como independiente. Veamos cuál será su opción de futuro, pero es una carta a tener en cuenta.

Previo a esta rearticulación y paralelamente la derecha trabaja en otro plano: las denuncias de corrupción contra el gobierno. Además del permanente ataque mediático directo o subliminal sobre diversos aspectos que puedan crear malestar en la población como el problema de la seguridad pública, entre otros.

No es casualidad que surja justamente en este momento una denuncia de corrupción ya desvirtuada varias veces que intenta involucrar a la Ministra de Salud, para golpear una de las áreas con mayor aceptación del gobierno porque desprivatizó la salud y reconstruyó la Salud Pública, llegando a cientos de miles de ecuatorianos y ecuatorianas con la gratuidad.

El otro escenario se desarrolla en la Asamblea Nacional, donde la tarea es promover la oposición de asambleístas del gobierno y posibles aliados, para lograr que, en principio, se archive la Ley de Comunicación o no se apruebe, lo que sería una victoria de la derecha y daría pie para pasos más osados en el futuro.

Otro escenario que ayuda a la rearticulación de la derecha se levanta en lo interno del propio gobierno, donde la derecha pelea la correlación de fuerzas en cada acción, poniendo trabas en ciertos casos, promoviendo el enfrentamiento con posibles aliados de izquierda en otros y creando dudas en sectores de izquierda que empiezan a perder la confianza.

Si el proyecto de Carlos Vera tiene éxito en sus pasos y logran juntar las firmas para el referéndum, la derecha obtendría una importante victoria, aunque luego pierda el referéndum revocatorio, porque le permitiría reaglutinarse y fortalecer el recambio de liderazgos con Vera a la cabeza hacia el 2013. Pero sobre todo sentaría un precedente, para trabajar una futura desestabilización del gobierno. Ahí, no se puede descartar la opción Hondureña con características ecuatorianas. Un golpe adaptado a las circunstancias del país.

Seguramente, algunos analistas políticos dirán que el proceso detallado no es viable. Todo depende de lo que haga el gobierno 

A corto plazo, el Presidente debe fortalecer y consolidar los sectores progresistas a su alrededor, llevar el ejemplo de Banco Central a todos los ministerios y poner sanciones a los funcionarios que pongan trabas a los proyectos de cambio, dar una muestra progresista de recambio ministerial a partir de enero, consolidar políticamente el bloque en la Asamblea, fortalecer alianzas con los movimientos sociales y sectores políticos que pueden ser aliados, y dedicar más fuerzas a la lucha contra la corrupción, denunciando casos y llevándolos a la justicia.

Luego de las elecciones de asambleístas del 30 de septiembre de 2007, señalaba que se estaba procesando una transformación de la derecha ecuatoriana para poder sobrevivir y apostar con mejores posibilidades en el futuro. Apuntaba que se estaba produciendo una metamorfosis, un cambio de piel, y estaba surgiendo una nueva derecha con los mismos principios económicos de la vieja, pero con una cara más “vistosa” y un discurso “remozado”.

La nueva derecha habla de participación ciudadana, respeto a la diversidad, y a veces incluso se disfraza de izquierda. La derecha que pelea por la correlación de fuerzas en lo interno del gobierno apuesta a lo mismo. La reivindicación de la ciudadanía y el cambio como eslogan y maquillaje, son parte de un discurso tan nuevo como el modelo neoliberal.

Para la derecha externa e interna, la participación ciudadana es individual, lejos del colectivo. El respeto a la diversidad se basa en la domesticación del “otro”, lejos del diálogo. La ciudadanía es una idea aislada, casi abstracta, lejos de toda organización. El movimiento político es un ente vacío, quieto, pensado en singular no en plural. La libertad es el mercado, por lo tanto se puede comprar y vender. La solidaridad es sinónima de caridad. La igualdad es una teletón. La inclusión social es una tarjeta de UNICEF en el escritorio o una alcancía en el banco y en el supermercado. La equidad es un celular. La participación un hecho burocrático.

El retroceso del "consenso de Washington", norma imperial que articulaba y determinaba las estructuras del dominio capitalista, aporta en el retroceso de la derecha, pero no representa su caída. Ni en Ecuador, ni en América Latina, ni en el mundo. Durante estos tres años, fue derrotada una derecha, pero no la derecha como tal. La derecha tiene mayor capacidad que la izquierda de adaptarse al terreno de juego, de confundirse en la selva de los conceptos, de sobrevivir para perpetuarse. Como el camaleón, la derecha cambia de colores según la ocasión, porque la sobrevivencia de las estructuras capitalistas así lo exigen.

Desde la comuna de París, la derecha tiene una capacidad casi natural de vivir una metamorfosis permanente, e imponer a la izquierda una metamorfosis a su medida.

El presidente Correa derrotó a la vieja derecha, pero sabe también que es necesario derrotar a la nueva derecha y prevenirse de la opción hondureña con características ecuatorianas…

sábado, diciembre 12, 2009

Carlos Vera: El candidato que agita a la derecha.

Por: Edison Solìs Vargas (Red Voltaire)

Uno de los principios del periodismo que tanto defendía el presentador de televisión, Carlos Vera, era la imparcialidad. Cómo entender que ahora ese principio haya sido dejado de lado para convertirse en todo lo contrario y defienda ahora, sin vergüenza, la posición de la oligarquía, que escudada en el rechazo a la Ley de Comunicación intenta desestabilizar el país. Queda claro, una vez más, que dicha imparcialidad no existe en el periodismo, menos aún, en la política. Algo que el presentador de televisión entendía muy bien cuando era empleado de la empresa de información Ecuavisa, solo que entonces le tocaba defender la “política del medio”, y como parte de ésta la supuesta imparcialidad, para mantener su vanidad de ser el mejor entrevistador del país; aunque luego de salir del canal entendió que era un empleado más, claro que con muchas ventajas sobre aquellos periodistas que se “mojan el poncho” en las calles. Él tenía el rating, pero el presidente de la República, Rafael Correa, pudo más y terminó con la oposición que a diario hacía Carlos Vera en el noticiero Contacto Directo y, los fines de semana, con el programa Cero Tolerancia. Ahora se ha declarado opositor del Jefe de Estado y es, hasta el momento, el fiel candidato de la derecha ecuatoriana. ¿Carlos Vera sería el mismo agitador de las masas si estuviera bien posesionado en un canal de televisión?

El pasado miércoles 25 de noviembre, una veintena de personas, entre ellos empresarios guayaquileños, estudiantes opositores al gobierno, líderes evangelistas y hasta políticos de triste recordación en el país, todos ellos con camisetas negras, gritaban: ¡Fuera Correa! ¡Abajo el totalitarismo! mostrando el afán desestabilizador de la oligarquía del puerto principal. “Ya pronto marcharemos para que otros marchen. La Ley Mordaza (de Comunicación) es la gota que derramó el vaso, pero no la única libertad que vamos a defender, aunque recuerden que la libertad de expresión es la primera que ejercemos”, dijo Vera frente a sus convocados, mientras la vanidad, ni en ese espacio, desaparecía. Lo que más impacto fue que a cada momento se cogía el pelo y que el discurso en momentos desentonó con las expectativas que tenía el público. Más contundentes fueron los discursos de Washington Delgado, secretario de la Asociación Ecuatoriana de la Radiodifusión (AER); César Coronel, estudiante de la Universidad Católica de Guayaquil; Margarita Arosemena Gómez Lince, del Movimiento Guayaquil de Pie; Martha Roldós, ex candidata a la presidencia, y Nelson Zabala, pastor evangélico, quien calificó al mandatario de “Caín con su pueblo”. Todos ellos opositores, desde el inicio, al gobierno de Rafael Correa.

En Quito, el jueves 26 de noviembre, ocurrió algo parecido. Diego Oquendo, dueño de radio Visión; Jorge Ortiz, presentador de televisión y cabeza visible de oposición desde la empresa de información Teleamazonas; José Gallardo, conocido como el chatarrero del Cenepa por haber sido denunciado de comprar armamento chatarra a Argentina en el conflicto con el Perú; así como el empresario quiteño Patricio Donoso, ex candidato a Asambleísta por Pichincha por la Unión Demócrata Cristiana (UDC) en alianza con el Partido Social Cristiano (PSC), fueron las cabezas visibles de la concentración.

“Vamos a acabar entonces con el modelo que favorece a los delincuentes y persigue a los inocentes. El problema no está con Correa sino su modelo, el problema no está con Correa, sino sus ideas. A los que dicen ¡Fuera Correa, fuera! Tienen que entender que si se va él viene Moreno y no nos sirve de nada. Con la misma caballerosidad hace lo mismo de siempre; tienen que irse todos los de Alianza País”, indicó Vera, haciendo callar las exigencias que sus seguidores de Guayaquil el día anterior le gritaban respecto a la salida de Rafael Correa.

Muestra del apoyo de la oligarquía ecuatoriana al presentador de televisión se evidenció el domingo 29 de noviembre cuando Jorge Ortiz, por medio del programa Día Siete, entrevistó a Carlos Vera, que más allá de la discusión de la Ley de Comunicación, que en verdad no es tan democrática como pareciera, se evidenció el apoyo a la posible candidatura a la Presidencia de la República del ex presentador de televisión en Ecuavisa. Todo giró como si estuviésemos en tiempos de campaña cuando los candidatos desfilan por los medios de información presentando sus propuestas de gobierno. Así ocurrió cuando reiteradamente Ortiz insistía a Vera la alternativa de gobierno que necesita este país.
Hay que estar atentos con las estrategias que la oligarquía, con su gran poder económico que maneja, impulse para posicionar al presentador de televisión como el único salvador de sus ideas. Carlos Vera es el candidato que perfila la derecha.